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Invitación

"Ven, ven quien quiera tu seas, ven
Aún si ya en nada crees, ven

Nuestro camino no es de desesperanza.

Aún si rompes tus promesas mil veces,
Vuelve, vuelve, ven."

(Mevlana Jelaluddin Rumi)

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El rey de la mentira PDF Imprimir E-mail
Escrito por Editor   
Sábado, 14 de Marzo de 2009 18:00

Bismillahir-Rahmanir-Rahim

Ciertamente Shaitán existe y es nuestro enemigo. Ciertamente Shaitán corre por nuestra sangre, y uno de los mayores peligros de Shaitán, es que lo tomamos como algo externo.

La religión en alguna medida, nos da a entender respecto de Allah, que parece que no estuviera en nosotros, sino que estuviera fuera de nosotros en alguna parte. Con Shaitán sucede algo similar, como si fuese una entidad que nos acosa y nos ataca permanentemente. Pero el tema es mucho más grave, es más siniestro que esto. Shaitán es una parte nuestra, nos habita, no está fuera de nosotros, lo tenemos en la sangre, es una parte irreductible del ser humano. Shaitán está en las grandes y en las pequeñas cosas, y es más peligroso cuando está enmascarado en las pequeñas cosas; porque en las grandes cosas puede ser fácilmente identificado, mientras que en las pequeñas es muy difícil. Shaitán está presente en este dergah, está presente en las mezquitas, en las iglesias, en las sinagogas, está presente en nosotros y lo está con más fuerza, que en un hombre que no trabaja sobre sí mismo, en un hombre que ya está entregado. Shaitán se empeña en conquistar el corazón del hombre que le hace oposición, porque de los que no le hacen oposición ya no se ocupa, ya son prisioneros. Shaitán está acá, ahora, en este momento, en cada uno de nosotros, y si por un rato a Shaitán lo podemos “distraer”, hablando de estas cosas, rezando, haciendo el dhikrullah, etc.; en cuanto salimos de este salón y vamos a la cocina, Shaitán empieza a obrar en nosotros igual que siempre.

 

La envidia es Shaitán, la mentira es Shaitán, el espíritu de venganza, de posesión excesiva, son Shaitán. Los celos son Shaitán, el ansia de poder, la sospecha, son Shaitán. ¿Quién de nosotros puede decir que está exento de sospechar de otros, de envidiar, de odiar a otros? ¿Quién de nosotros puede decir con sinceridad, que no odia, que no envidia, que no miente, que no desea cosas prohibidas, que no es hipócrita, que no alberga resentimientos? ¿Quién de nosotros puede decir que está libre de todo eso? Todos esos, son aspectos de Shaitán. Porque dice Allah que todo lo bueno proviene de Él, y todo lo malo proviene del hombre, y el hombre está aconsejado permanentemente por Shaitán. El hombre está en un estado natural de Nafs Al-Ammára, que quiere decir el ego errado, el ego que está siempre haciendo las cosas mal, que tiene como consejero y maestro inmediato a Shaitán.

Todos nosotros tenemos en nuestras vidas privadas problemas, con nuestras esposas, con nuestros hermanos, nuestros vecinos, nuestros jefes, nuestros empleados, socios, amantes, etc. Todos esos problemas, provienen de todos los defectos que tenemos; si no tuviésemos esos defectos los problemas no tendrían vigencia. Esos defectos son aspectos satánicos de nuestro carácter. Es decir, que no hay que buscar a Shaitán en una misa negra, no hay que buscarlo en una cueva oscura, en un prostíbulo o en una cárcel; mírense al espejo y verán a Shaitán. Esto es así mientras nosotros no trabajemos lo suficiente sobre nuestro carácter y el Shaitán particular que tenemos, hasta que no lo islamicemos, es decir, que lo sometamos.

Un musulmán es un sometido. Islamizar a Shaitán es someterlo, no matarlo, ya que no puede ser matado porque es una presencia necesaria y Allah le prometió que estaría en la tierra hasta que estuviese el último hombre. No lo podemos matar, pero si lo podemos someter. Pero él está obrando acá, cada vez que nosotros tenemos problemas con nuestros hermanos, que les tenemos desconfianza, cada vez que sospechamos de ellos, cuando queremos tratar de pescarlos en cosas ilícitas o cuando no los aguantamos porque tienen un carácter inaguantable, cuando hablamos mal, es Shaitán que está obrando en nosotros. No les quepa ninguna duda, porque Shaitán resalta lo malo, siempre está buscando el defecto. Y no vayan a buscarlo a ningún lugar porque está en nosotros, es un aspecto siniestro nuestro. La ira es uno de los aspectos de Shaitán.

Daría la impresión, que cuando uno habla de Allah, pareciera que uno está hablando de un ente, o una entelequia, o no se qué cosa que está no se dónde; en lugar de saber que Allah está más cerca nuestro que nuestra propia vena yugular -como Él mismo lo dice-, o sea, que está en nosotros. Nosotros no tenemos concepto de Tawhid, de unidad divina, que es lo que buscan los sufis. Nosotros somos monoteístas a la violeta y aceptamos el monoteísmo como un Dios Único que está en alguna parte y yo acá rezándole; eso no es Tawhid. Espero que algún día entendamos lo que es el Tawhid. Ése, es el peligro del monoteísmo mal entendido, que coloca al Dios Único en alguna parte y al hombre separado de Él; eso no es Tawhid. Y cuando hablamos de Shaitán no estamos hablando de un ente con cuernos, cola y olor a azufre, estamos hablando de nosotros, de un aspecto nuestro; está en nuestra sangre y Allah está más cerca, que nuestra propia sangre. Shaitán está circulando por nuestra sangre, o sea que el hombre tiene un aspecto satánico en sí mismo, tiene un cuerpo sutil satánico en si mismo, en su estado natural. Por eso el Profeta decía que el que no tiene maestro, tiene a Shaitán por maestro.

Todas estas palabras no se dicen por decirse, en vano, para hablar de algo y entretenernos un rato aquí con conceptos religiosos. Esto no es un concepto religioso, o si quieren, es un concepto religioso profundo, pero es la verdad del hombre. Es tan verdad que nosotros salimos a la calle y nos empezamos a comportar igual que siempre, hacemos las mismas pavadas de siempre, tenemos las mismas envidias de siempre, tratamos mal a la gente que tratamos mal siempre. Sospechamos nuevamente de la misma gente, y seguimos sin perdonar a nadie, o sólo a aquellos que nos caen simpáticos, y volvemos a tratar de molestar a la gente, ser chantas; todo eso es Shaitán. También somos miedosos -otro aspecto de Shaitán que es quien lo insufla-; un creyente no tiene miedo. Pero todo esto que digo es inútil, porque ni bien terminamos de hablar aquí, cada uno de ustedes se queda con su propia idea y siguen procediendo como siempre y creemos que por ser derviches no tenemos peligro, pero tenemos en realidad más peligro que el borracho que está en el bar, porque ya es un prisionero de Shaitán. Tenemos más peligro que el tipo que está veinticuatro horas en el bingo, que se juega la plata de la familia, que un drogadicto, que un violador; que son prisioneros de Shaitán.

En nosotros, nuestro corazón es disputado por Shaitán contra Allah. Dice Allah, que Shaitán no tendrá poder sobre el corazón del creyente, pero Shaitán combate para ganarse el corazón nuestro y cada vez que hacemos una felonía, cualquiera que sea, es Shaitán el que ha triunfado. Y así como Allah no está por allá como un Dios Único, sino que está más cerca mío que mi propia sangre, así Shaitán está en mi sangre. No se crean que están alejados de Shaitán porque rezan, o hacen el ayuno y no comen carne de cerdo o no toman alcohol, o porque hacen el Hayy. En el Hayy está Shaitán, y está más activo en el Hayy que en otros lugares, y en el Hayy Shaitán gana muchas batallas, en plena peregrinación, en Meca.

Este tema de Shaitán, que me ha dado pie el Imam hablando del maldito, es un tema muy serio que nosotros no tenemos en cuenta nunca. Quizás porque cuando éramos pequeños y estábamos en las iglesias católicas oímos hablar demasiado del diablo y vimos demasiadas películas de exorcismo, pero es mucho más siniestro y peligroso que eso. No es necesario revolcarse en una cama girando la cabeza como una lechuza, echar espuma por la boca y que con una voz de monstruo, hable una chiquita de diez años. Yo puedo decir: “Bismillahir-Rahmanir-Rahim” y está Shaitán hablando por mi boca. Es mucho más peligrosa y siniestra la cuestión, y créanme que es así. Lo otro es burdo, es detectable.

Cada vez que yo pierdo los estribos sin caerme del caballo, es Shaitán el que me hizo perder los estribos. ¿Por qué el Profeta (BP) decía: “No te enojes, no te enojes, no te enojes”? La ira es un aspecto satánico. La ira puede ser pequeña y llegar a hacernos matar a una persona, y no hay mucha diferencia. Shaitán está en la sospecha, en el engaño, en la dobles, en la mentira y está acá, dentro nuestro, luchando por ganar la batalla. Shaitán está entre los padres y los hijos, entre los esposos, entre los hermanos de sangre y los hermanos de espíritu. Shaitán es el padre de la mentira, y la mentira es el sueño; y mientras estemos dormidos, Shaitán gana la batalla: nos gana. “Nos camina”, como decíamos el sábado pasado. Fíjense -si tienen la suficiente honestidad para fijarse- cómo actúan ustedes cuando se van de acá. Cómo actúan con sus hermanos de sangre, con sus vecinos, con sus jefes, empleados, socios, padres, madres, esposos, esposas, amantes, novios.

A mi me parece -y esto es obra de Shaitán sin ninguna duda-, que cuando nosotros escuchamos todas estas cosas que se dicen sábado tras sábado, existe un raro mecanismo dentro nuestro que coloca todo lo que escuchamos, en un plano teórico o semi-teórico. Nos parece de una manera directa o indirecta -o sutil- que lo que se ha dicho no nos atañe, nos parece que lo que se dice está dicho en un plano teórico, filosófico; no práctico. Nos parece que no es aplicable en nuestras vidas. Nos parece que estamos escuchando al cura dando sermones en la iglesia cuando íbamos -los que íbamos-, con el triste papel de los curas dando sermones delante de doscientos sordos. Me parece que Shaitán hace una buena tarea con nosotros, nos torna indiferentes, sordos, nos hace creer que lo que se escucha no lo podemos practicar -porque es impracticable en nuestras vidas-, que no nos atañe, que no está dicho para otros. “No es mi caso”, dice una vocecita dentro nuestro, “yo no soy así, eso es para otros”.

Si nosotros no somos capaces de aplicar esto en nuestras vidas -la doctrina del tasawf, de la cual yo soy un mero repetidor-; si no podemos hacer esto, no tiene sentido, no sirve para nada, eso es lo que quiere Shaitán. Vuelvo a repetir, sáquense de la cabeza la idea de que el diablo es algo ajeno a nosotros, que está en una cueva oscura echando olor a azufre; ¡somos nosotros Shaitán!. Somos nosotros Shaitán, cada vez que sospechamos de alguien, cada vez que odiamos o queremos perjudicar a alguien, o cuando le tomamos bronca a alguien o al ser hipócritas con alguien, cada vez que engañamos; es Shaitán obrando en nosotros. No se engañen, no es necesario hacer una misa negra o comerse a un chico crudo, como hacia el lugarteniente de Juana de Arco (Gilles de Reis), no es necesario. Uno tiene la idea que como nunca mató a nadie, ni le rezó al diablo, entonces piensa que no le toca esto. Si yo engaño a mi mujer, es Shaitán que está actuando a través mío. Si insulto a alguien, es Shaitán el que esta obrando a través mío. Sé lo que me van a decir, “pero hay situaciones en las que es imposible actuar de otra manera”. Nunca es imposible actuar de otra manera, siempre puede uno actuar bien. Y cuando les digo todo esto, no me estoy poniendo a fuera hablándoles desde el púlpito, estoy con ustedes acá, Shaitán está en mi también y obra a través mío permanentemente, todos los días. No me estoy poniendo un escaloncito por encima de ustedes; estoy hombro con hombro luchando con ustedes contra Shaitán. Lo único que podría llegar a ser, es que por ahí, tal vez, yo tenga detectado algunas cosas y por ahí a ustedes les da miedo detectar algunas cosas, o por ahí tienen detectadas más cosas que yo. Si tienen más cosas detectadas que yo, ustedes estarán dándome la razón y si no tienen más cosas detectadas, tendrán que detectarlas para darme la razón, porque estoy hablando con razón.

Quiero que no olviden que cuando hablamos de Allah, no hablamos de un Único Dios que no sé dónde caray está. Está en mí; si yo doy un paso hacia el Él, Él da dos hacia mi; si camino rápido hacia Él, Él viene corriendo; y si corro, Él viene volando; hasta que Él es, mis manos, mis pies, mis ojos. Ése es Allah. No es que Allah esté por cualquier lado. Y Shaitán está en mi sangre, cada vez que hago una maldad, es el que está obrando a través mío.

Muchos de ustedes me han dicho muchas veces que quisieran saber cuál es su rasgo principal: “el defecto principal”. El Profeta Muhammad (BP), llamaba al defecto principal “el Shaitán particular”, que es un poco más preciso, al llamarlo “defecto principal”, parece que el nombre lo edulcorara; pero en realidad, es el diablo particular el que se manifiesta con el defecto principal; el defecto que todos tenemos, que siempre nos hace pisar el palito. Toda nuestra vida gira en torno a ese defecto, siempre metemos la pata, como en la película “El día de la marmota”, donde el hombre siempre metía el pie en el mismo agujero. ¿Se acuerdan? Todos los días metía el pie en el mismo agujero, tuvo que hacer un esfuerzo muy grande para dejar de hacerlo. Ése es el Shaitán particular, Shaitán te busca el lugar flaco -y todos traemos uno-, Shaitán te lo busca, lo encuentra, te agarra por ahí y no te suelta. La tarea de Shaitán es no dejarte despertar y lo más terrible de todo esto, es que tiene el permiso de Allah para hacer ese trabajo. Lo que lo hace aún más temible y más indetectable. De acuerdo a lo que Shaitán le pidió a Allah: “Tornarme invisible ante los ojos de los hombres” y Allah se lo concedió. “Permíteme circular en la sangre del hombre” y Allah se lo concedió. “Permíteme tener dos hijos, por cada hijo que tenga el hombre” y Allah se lo concedió. “Permíteme tomar cualquier forma de manera que el hombre no me reconozca” y Allah se lo concedió. Lo hemos dicho muchas veces, pero todas las veces que se dijo pasó de largo, es metafórico eso, es filosófico, es simbólico, “es pedorro”. Todo menos aceptarlo como debe ser aceptado. No se trata de meter miedo, sino de estar más alerta y que sepamos cómo somos.

El hombre tiene una naturaleza mala, viene mal, porque es un hombre caído. Viene en un estado puro e inmediatamente la mancha que tiene en el corazón lo atrapa, en esta trampa que es la existencia. El hombre tiene que remontar hacia arriba. ¿Saben qué nos impide remontar?: La fuerza de gravedad, que es la trampa de Shaitán. La condición del hombre es que fue expulsado de la Unidad, una vez que ha sido designado para nacer, no lo puede eludir de ninguna manera. Nacemos y no podemos evitarlo, porque es una orden de Allah, y Su orden no puede dejar de ser cumplida. Y nos metemos en este mundo que está asediado por Shaitán -por orden de Allah-. El hombre tiene que hacer un esfuerzo por remontarse, contra esa fuerza de gravedad que Shaitán le impone. Solamente remontan los más fuertes, los más capaces, una elite; los que más luchan contra si mismos, los que tienen más anhelo, los que se dan cuenta de la situación, los que luchan contra sus aspectos satánicos. Pero para luchar contra esos aspectos, primero tenemos que individualizarlos, ése es el trabajo que se pide en una tarika: individualicen los aspectos satánicos de vuestro carácter, para poder establecer el yihad; la lucha contra esos aspectos satánicos, que nos tienen agarrados del fundillo de los pantalones y no nos deja despegar, no nos deja despertar, no nos deja salir de este sueño que es una mentira.

El rey de la mentira es Shaitán, es la máquina de Matrix que tenía atrapada a las personas; no te deja escapar, ya que es su función. Todo en esta naturaleza es difícil, no nacen nogales de todas las bellotas que caen -la mayoría se pudre o se la comen los animales-, nacen pocos robles, nacen pocos seres humanos. Fíjense una cosa, si un hombre y una mujer tienen relaciones durante veinte años, dejando de lado que se cuiden o no, tienen dos, tres, cinco hijos, en veinte años; no es tan fácil nacer, llega un solo espermatozoide. Las tortugas nacen de a miles en las playas, pero llegan muy pocas al mar. La naturaleza está diciendo cómo es la cuestión, fíjense en la naturaleza. Éste es el mundo en el que vivimos, Shaitán está en este lugar y aquí está más activo que en el bar de la esquina, los quiere atrapar a ustedes y a mí. Si avanzan en el camino, más los va a querer atrapar. Despertar es difícil, no es fácil, es muy difícil. Para despertar tenemos que terminar con la mentira que nos hace decirnos Shaitán. Tenemos que individualizar la mentira, darnos cuenta que vivimos inmersos en una mentira propia y escapar de ella. Pero nadie quiere hacerlo, todos estamos acostumbrados a la mentira y tenemos miedo, y el miedo está insuflado por Shaitán, no es propio de un creyente. Uno de los principales miedos que tenemos es el miedo a la muerte, el miedo a morir, a envejecer, y eso nos hace hacer muchas pavadas.

 

Assalamu Alaykum

 

Sohbet pronunciado por el Sheij Abdel Qader Al Halvetti Al Yerrahi en el Dergah de Buenos Aires, Argentina, el dia 14 de Marzo de 2009.

 

Última actualización el Sábado, 26 de Junio de 2010 06:35